Es una de las situaciones que con más frecuencia llega a nuestra mesa. La empresa crece, los pedidos no paran — y el banco, en cambio, nunca alcanza. Así es como trabajaríamos ese problema, paso a paso.
Esta es una situación ilustrativa: representa el tipo de problema que un dueño nos trae y cómo lo abordaríamos. No describe a un cliente real ni garantiza resultados.
«Vendemos más que nunca, pero cada fin de mes el banco está vacío. Mi contador me entrega un PDF y, con eso, yo no sé cuál de mis productos me deja y cuál me está costando dinero. Trabajo más que antes y siento que avanzo menos.»
El tipo de dueño que nos busca — voz ilustrativa, no un cliente real.
No hay receta de caja. Hay tres respuestas que conviene ordenar primero.
¿Cuánto le cuesta de verdad producir cada línea — con materia prima, mano de obra, desperdicio y tiempo de máquina incluidos?
Entre que le paga a su proveedor y le pagan a usted, ¿cuántos días pasan? ¿Y quién financia ese hueco mientras tanto?
Si mañana entrara el pedido más grande de su historia, ¿sabría si puede cumplirlo sin ahogar la operación?
La empresa crecía 22% al año y se quedaba sin caja al mismo tiempo. Cada venta tardaba 94 días en cobrarse y solo 30 en pagarse: crecer significaba financiar a sus propios clientes con dinero del banco.
Pocas decisiones, bien escogidas. Cada una se mide en un número.
Calculamos el costo verdadero de cada producto, con todo incluido. Aparecieron dos de nueve líneas que se vendían por debajo de su costo.
Reordenamos los precios donde el margen no daba y sostuvimos los de las líneas que sí compiten. El margen bruto subió sin perder a los clientes que importan.
Renegociamos plazos con proveedores y pusimos disciplina de cobro con los clientes grandes. El ciclo de cobro bajó de 94 a 60 días.
En lugar del PDF de fin de mes, el dueño recibe el puñado de cifras con las que sí puede gobernar la semana — y una llamada cuando algo conviene corregir a tiempo.
No llegamos con una fórmula de caja ni con un método de marca. Empezamos por entender su empresa por dentro — cómo produce, cómo cobra, dónde se queda el dinero — y traducimos eso a las pocas decisiones que de verdad mueven la aguja.
Usted sigue al mando; nosotros ponemos una mano experimentada en el timón y le devolvemos números con los que puede gobernar el negocio, no solo mirarlo. Con total discreción, y por una fracción del costo de un director financiero de tiempo completo.
Conversemos sobre la suya. La primera conversación es para entender, no para vender.